La ley del menor

xpx-gif-pagespeed-ic-ukj61dcgav1444643867_201342_1444644043_sumario_normalAutor: Ian Mc Ewan

En la Europa actual,  queda muy mal “salirse de la fila”. Si en el siglo pasado el tabú era el sexo, ahora lo es la religión. A la sombra de la religión parece que peligran todos los “codigos democráticos” y además se ponen bombas en nuestras calles en su nombre. La religión es un peligro y cuanto más lejos, mejor.

La protagonista, Fiona Maye, es una jueza de familia que aplica la ley con fría racionalidad. Encima de la mesa tiene un caso: un adolescente, testigo de Jehová, que se niega a una trasfusión de sangre sin la cual perderá la vida en pocas semanas.

En paralelo, Fiona vive su propio conflicto en casa: con 60 años, sin hijos y dedicada a su trabajo, el aburrimiento hace que su matrimonio se esté yendo al traste. Un buen día, su marido dice que “se le está pasando el tren” y le pide su consentimiento para tener una aventura de vez en cuando. No quiere romper el matrimonio, sólo quiere un poco de “chispa”. Ella aplica las normas: o en casa o fuera de ella. Y su marido coge las maletas. Fiona a pesar de moverse en la seguridad de lo correcto se siente profundindiceamente insatisfecha consigo misma.

Mientras en los juzgados, tiene a un chaval que le rompe los esquemas. A punto de cumplir 18 años, la decisión está en manos de Fiona: si prima el derecho a morir por sus convicciones o si hay que actuar racionalmente y hacerle la trasfusión presuponiendo que está altamente condicionado por su educación familiar.

El resto, se lo dejo al lector… Pero la pregunta queda en el aire: ¿se puede sobrevivir sólo con la razón?